Siempre me quedo la frase paseando por la cabeza " Los fantasmas son reales solo si crees en ellos"
A la edad que lo escuché, entre los 8 y los 10, los fantasmas que reconocía salían de peliculas, libros o una de las tantas leyendas urbanas de mi barrio. No había más que eso. Eran seres espectrales que querían venganzarse de algo o simplemente matarme. Nada personal, sino la ira irracional, el terror materializado.
Hoy, a mis casi 27 años, la palabra "fantasma" ya no me recuerda a Gasper o a Pegajoso, la palabra fantasma viene con historia y es personal.
No es raro? Cuando somos chicos le tememos a lo desconocido y cuando crecemos, justamente no queremos que algo ya conocido, vuelva.
Puede ser una pareja, un familiar, un suceso, una caída, una separación, una unión, muchas cosas pueden ser fantasmas y afectarnos tanto tanto que terminan condicionando nuestra vida y nuestra forma de ser en ella.
Este texto no tiene ni la menor intención de juzgar que es un fantasma o la importancia de los mismos, conozco lo terrible que pueden ser y de todo tipo.
Lo que hoy me hizo pensar, es justamente esa diferencia de termino dependiendo de la edad.
En qué momento dejamos de lado la fuerza para combatirlos? Cuando decidimos dejarnos vencer?
De chicos les temiamos y de grandes, nos peleamos por quién lleva más fantasmas en su haber.